Coyotes: De la Cancha al Ciberespacio

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miércoles, 20 de febrero de 2008

Esto Es Rugby




Esto Es Rugby


Ya es mediodía y estamos repartidos por la línea de ingoal, el árbitro ha cobrado un penal en contra. El equipo rival se dispone a jugar, nosotros esperando la carga de sus fowards. Juegan el balón y hacen una jugada hacia la derecha dejando un agujero en nuestra defensa. Luego, su jugador más imponente -el doble de mi peso y estatura- carga contra mí con el balón aprisionado bajo el pecho. Gritaría por ayuda, pero en rugby semejante muestra de sinceridad es bastante mal vista. El gigante sigue hacia mí, muerdo el protector bucal con fuerza, bajo mi centro de gravedad y me lanzo al tackle mientras pienso quien me mandó a meterme aquí.

Todo comenzó cuando tenía 14 años, por aquel entonces yo era un adolescente debilucho y bajito con cara de niño. Había probado suerte en casi todos los deportes, sin malos resultados, pero sentía que no lograba encontrar en ellos lo que estaba buscando. Sin embargo, decidí volverlo a intentar con un deporte nacido en Inglaterra que tenía fama de ser un poco bruto y que se jugaba con un balón ovalado. La experiencia fue increíble, tanto así que todavía lo practico. Hoy a 10 años ya de aquel día sumo no solo años en este deporte, sino también kilos y estatura. A pesar de ese cambio en mi contextura, he aprendido a valerme de mis 85 kilos (y subiendo) para abrirme paso entre mis rivales.

Si lo comparáramos con la guerra, el rugby es una guerra bárbara, solo infantería, combate cuerpo a cuerpo. Treinta hombres se enfrentan cara a cara como guerreros armados con sus zapatos con clavos y protegiendo sus orejas con una cinta. El triunfo se decide a favor del equipo que apoya el balón en la línea contraria más veces, El balón no puede pasarse hacia delante por lo tanto es necesario avanzar exponiéndote a los tackles de tu rival. Como en las batallas de esos pueblos, los contendientes acaban magullados, embarrados, sangrando y heridos. Pero en este caso no se lucha por un pedazo de tierra ni para extender un imperio. El único propósito es divertirse.

A aquellos que lean esto y no tengan la suerte de practicar este deporte, les resultará difícil entender qué tiene de divertido ser golpeado, aplastado y pisoteado por un montón de salvajes enardecidos. La esencia del rugby esta en ser muy distinto al resto de las actividades de la vida normal. Ser atropellado por un gorila de 120 kilos no tiene mucha relación con ir de paseo con tu polola o trasnochar estudiando para un examen. Cuando un jugador porta el balón, 15 hombres desean lanzarse a derribarlo, uno es el designado, se oye un crujido de huesos y las preocupaciones del día a día se desvanecen justo en el momento del impacto. Es una experiencia brutal, en la que estas atento hasta de la dirección del viento sobre la hierba de la cancha, pero las cosas que suceden fuera de esas líneas de cal no existen. El peligro y sacrificio es compensado de sobra por la adrenalina y euforia que brinda el rugby.

La letra con sangre, entra

Aunque un partido dura solamente 80 minutos, las sensaciones que se viven te marcan de por vida, transforma tu escala de valores y tu manera de ver el mundo. El rugby está lleno de enseñanzas. No hay deporte que ilustre de manera más práctica la necesidad de levantarse ante un golpe de la vida. También aprendes a canalizar tu agresividad dentro de un código de honor que no se encuentra en las reglas. Un puñetazo en medio de un ruck puede derivar en una pelea de antología. Esto te convierte en un hombre responsable de tus actos.

Sin duda lo más importante es el espíritu de equipo. El compañerismo aquí logra una especial significación desde el momento en que de tu compañero no sólo depende ganar o perder, sino tu integridad física. Cuando eres atrapado por los rivales lo último que harías es soltar el balón. Si tus amigos tardan demasiado saldrás con los dedos rotos o con unas marcas de zapatos en la cara. Un ejemplo de lealtad lo vivimos con una patada desleal a Pedrito en su cara que lo hizo caer de espaldas al suelo. Una vez que nuestro compañero logro ponerse de pie su agresor estaba tendido en el piso y tuvo que ser retirado con ayuda de otros.

Quizás pienses que entre rivales nos odiamos, nada mas equivocado. Cuando finaliza el partido todas las diferencias se olvidan. Cual sea el resultado se agasaja al rival haciéndole sentir como en su propio hogar. Después de una merecida (y necesaria) ducha, el equipo local invita al visitante a unas cervezas y se comenta el partido. Es el llamado tercer tiempo, y el partido no se acaba sin él.

A veces, los terceros tiempos son tan extremos como el mismo juego: se consumen cantidades inhumanas de cerveza, se habla de mil cosas alusivas al rugby y en lo particular a nuestro equipo, se dan cabezazos como muestra de afecto.



Heridas de guerra

Las lesiones conviven a diario con nosotros, son parte de este deporte. Pero el placer de jugar hace que este ítem pase a un segundo plano. Es más, me atrevería a decir que no existe un solo jugador de rugby que no haya jugado lesionado. Algunos ven en esto algo de masoquismo o pérdida de la cordura. Quizás tengan razón., ¿pero acaso no les molesta ver a un jugador de fútbol gritando como si hubiera perdido su extremidad frente a un golpe intrascendente?

Para mas remate tenemos que oír a familiares, amigos y pololas ante la enésima lesión que dejemos de practicar este deporte. Pero no nada dicen cuando gracias a la fortaleza física adquirida salimos indemnes de accidentes, caídas y golpes que al común de los mortales les significaría algo más que solo un moretón.

El rugby exige un alto grado de exigencia física. En un partido te das cuenta de lo necesario que fue aguantar el dolor y la fatiga al levantar esos fierros en el gimnasio y lo terrible de terminar esos piques de 50 metros cuando ya en la mitad de la sesión decías que tus piernas no iban a responder otro carrerón mas. Un entrenamiento tan versátil como ese pone en forma a cualquiera..

Aprende del rugby

Separa el partido del tercer tiempo. El tipo que te dejó un ojo negro, es una persona encantadora con una cerveza en la mano. En el rugby, como en la vida, hay que saber diferenciar los conflictos del valor de cada persona.

El ojo de la tormenta es muy tranquilo. Desde fuera, el scrum parece una taza de leche, pero es precisamente todo lo contrario. Ocho hombres de tu equipo batallan contra otros ocho hombres. Por dentro, un scrum es un infierno. Lo que ocurre ahí es producto de un choque de grandes fuerzas opuestas.

Aprende a jugar bajo presión. El rugby no trata tanto de ganar o perder, sino la constante sucesión de tackles y embestidas. Al lado de eso lo demás no es nada. Entiende la presión como algo inherente a la vida y no como un castigo.


Con toa...

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